Los pies de Julio César Ramos Morillo sí saben lo que es el
baile, el sabor y la recreación. “Nací con ese swing caribeño”, aseguró
sonriente. Desde los cinco años demostró su pasión por bailar toda clase de música
sobre todo la del Caribe, en la que los tambores marcan el paso. La salsa y la
champeta son los ritmos que más le gustan.
Cada mañana, con su equipo de sonido incorporado a la chaza
de dulces tradicionales, de donde deriva su sustento desde hace 39 años, es la
sensación de la calle 30, entre carreras segunda y tercera. “El baile es una
estrategia para llamar a los clientes y es bueno para estar en buen estado
físico. Cualquier hora es buena para eso. Lo único que se necesita es tener el
ánimo, estar bien de salud y la fe puesta en Dios”, dijo.
Sonó una champeta, sus pies como embrujados contagiaron a
todo el cuerpo y Julio se puso a bailar. Clientes y transeúntes no pudieron ser
ajenos al espectáculo, hicieron un pare entre sus afanes y lo vieron ‘tirando
pases’, aplaudiendo y gozando. El show les robó una sonrisa, les hizo olvidar
sus problemas por un instante y los dejó con una mejor actitud para continuar
con su día.
“Me
divierto bailando toda clase de música y trabajando en mi chaza, en armonía con
las demás personas”, sostuvo el vendedor, quien siguió bailando, dejando que el
ritmo se apoderara de su ser y demostrando que a sus más de 60 años hay baile
para rato. @bmberrio

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